En un momento reaccione y me di cuenta que ya nos teníamos que separar, pues dos de nuestras amigas iban a bailar, una muy enamorada se juntaría con su novio a pesar de la situación, las demás irían a un evento escolar llamado Hola-hola, al que luego teníamos que ir pero antes, nosotras las tres que quedábamos nos iríamos a buscar pokemons directamente al Palacio La Moneda.
Fuimos a pie por la calle la moneda, en el trayecto tratábamos de no caernos y cruzar bien las calles.
En el primer semáforo nos toco rojo, la espera se me hizo eterna, ya sentía que me daba una pereza inmensa caminar semejante recorrido solo para atrapar algún onix o un charmaleon, ya que esos pokemons eran los más deseados en mi pokedex. Me quede una hora mirando las ruedas de los autos, más bien, los autos en sí, preguntándome dónde llevarían a las personas en su interior.
Amiga 1 habló y dijo -creo que es momento de cruzar.
Nosotras junto a mi amiga 2 solo asentimos, puesto que amiga 1 era la encargada de cuidarnos ese día. Nos dedicamos a caminar, tratar de no doblarnos algún pie y comportarnos, pero la risa no aguanto en salir por cada cosa que veíamos, quizás es olor a pasto recién podado nos distraía más que mirar a las personas pasar por nuestro lado como si estuviesen muertos, me pregunté por qué no sonreían un poquito y se iban con nosotras por un viaje rata, pero mejor seguir riéndome de la risa de amiga 2 que la verdad, ni idea de qué se reía. Íbamos por un bar-restaurante repleto de gente, no se podía caminar bien, así que eso dificultaba el hecho de actuar normal. Amiga 1 nos agarraba de la mano para adentrarnos en esta "multitud". No me di cuenta y ya en cinco segundos estábamos cruzando la calle nuevamente.
El tiempo iba muy lento, pero yo solo me dedicaba a pensar
que cómo nunca me había fijado en las cosas que estaban a mi alrededor, o sea
este trayecto lo conocía de siempre, habían veces que acompañaba a mi mamá
hasta ese lugar por el mismo lugar y hace un par de días a tras también vine pero como paseo educativo, no me dedique a mirar y apreciar lo grandes que eran
los edificios y lo pegados que estaban a la vereda, sentía que se me venían encima,
mientras más nos acercábamos a nuestro destino, las cosas iban “evolucionando”,
a mi parecer, casi igual que un pokemon. Los autos pasaban de ser hatchback a
convertibles, las personas de ir vestidas con hawaianas a ir con terno y zapatos perfectamente lustrados, cada vez aparecían carabineros con su traje muy bonito.
Yo estaba agotada de caminar, solo quería sentarme, de hecho pensé varias veces sentarme en suelo, aunque la gente pasara encima de mi, no me hubiera importado de lo cansada que me encontraba.
Teníamos tanta hambre, que solo pensábamos encontrar un kiosko, no nos dimos cuenta y ya estábamos en la Moneda. Caminamos al kiosko que esta al frente de la plaza y del Palacio, compramos dos serranitas, comencé a comer una pero estaba tan sedienta, que me sentía casi como una momia, así que no pude masticar galleta y me puse a toser en el semáforo para cruzar a la plaza, nuestro destino pokemon, la gente me miraba, me sentía como un bicho raro, no me sorprende, tosí como nunca.
Estábamos en la plaza ya, por fin, así que sacamos nuestros teléfonos y comenzamos a cazar. Gracias a Dios o al Profesor Oak me encontré mi tan afamado Onix, la verdad me costó un siglo atraparlo, sin embargo, mi amiga 1 actuó como la entrenadora pokemon que es y lo atrapó, ese momento de mi vida le llamo felicidad.
Ya la hora se estaba pasando, entre ver las palomas ser alimentadas por la gente que ya no quería sus cabritas, ver a los trabajadores salir a almorzar rápidamente para luego volver a la rutina.
Decidimos ya separarnos. Amiga 1 nos dejó en un local de comida rápida para que almorzáramos pero estaba lleno y amiga 1 ya se había ido, entonces, la gran idea fue volver al colegio, quedarnos en la plaza Brasil y luego ir a comer. Esa idea fue puesta en acción. Caminamos de vuelta, entre cruzar con miedo las calles, entre creer que ya nos perdimos, llegamos a nuestro destino.
Nos sentamos en una banca y solo nos dedicamos a reír, mirar y decir "tengo hambre".
Nuestro estómagos no paraban de molestar, amiga 2 dijo que lo mejor es que vayamos a comer completos o algo parecido. Nos encontrábamos en Cumming pasando por el Pizza Pizza, luego por el restaurant de comida marina, el local de pasteles, hasta llegar a un negocio bien familiar y chiquito, donde vendían completos más jugo a 1000 pesos, fue en ese momento que nos sentamos y pudimos relajarnos.
El cansancio era tanto, que el plan de ir al llamado Hola-Hola, ya no entraba en cosas por hacer. Decidimos ir a nuestras casas y dormir, era lo mejor. Llamamos a nuestras compañeras y partimos a nuestros hogares.
El recorrido al metro, más el recorrido del metro desde Cumming a Plaza Maipú era demasiado, pero era lo único que podíamos hacer.
Solo recuerdo que llegué a casa y dormí.
Yo estaba agotada de caminar, solo quería sentarme, de hecho pensé varias veces sentarme en suelo, aunque la gente pasara encima de mi, no me hubiera importado de lo cansada que me encontraba.
Teníamos tanta hambre, que solo pensábamos encontrar un kiosko, no nos dimos cuenta y ya estábamos en la Moneda. Caminamos al kiosko que esta al frente de la plaza y del Palacio, compramos dos serranitas, comencé a comer una pero estaba tan sedienta, que me sentía casi como una momia, así que no pude masticar galleta y me puse a toser en el semáforo para cruzar a la plaza, nuestro destino pokemon, la gente me miraba, me sentía como un bicho raro, no me sorprende, tosí como nunca.
Estábamos en la plaza ya, por fin, así que sacamos nuestros teléfonos y comenzamos a cazar. Gracias a Dios o al Profesor Oak me encontré mi tan afamado Onix, la verdad me costó un siglo atraparlo, sin embargo, mi amiga 1 actuó como la entrenadora pokemon que es y lo atrapó, ese momento de mi vida le llamo felicidad.
Ya la hora se estaba pasando, entre ver las palomas ser alimentadas por la gente que ya no quería sus cabritas, ver a los trabajadores salir a almorzar rápidamente para luego volver a la rutina.
Decidimos ya separarnos. Amiga 1 nos dejó en un local de comida rápida para que almorzáramos pero estaba lleno y amiga 1 ya se había ido, entonces, la gran idea fue volver al colegio, quedarnos en la plaza Brasil y luego ir a comer. Esa idea fue puesta en acción. Caminamos de vuelta, entre cruzar con miedo las calles, entre creer que ya nos perdimos, llegamos a nuestro destino.
Nos sentamos en una banca y solo nos dedicamos a reír, mirar y decir "tengo hambre".
Nuestro estómagos no paraban de molestar, amiga 2 dijo que lo mejor es que vayamos a comer completos o algo parecido. Nos encontrábamos en Cumming pasando por el Pizza Pizza, luego por el restaurant de comida marina, el local de pasteles, hasta llegar a un negocio bien familiar y chiquito, donde vendían completos más jugo a 1000 pesos, fue en ese momento que nos sentamos y pudimos relajarnos.
El cansancio era tanto, que el plan de ir al llamado Hola-Hola, ya no entraba en cosas por hacer. Decidimos ir a nuestras casas y dormir, era lo mejor. Llamamos a nuestras compañeras y partimos a nuestros hogares.
El recorrido al metro, más el recorrido del metro desde Cumming a Plaza Maipú era demasiado, pero era lo único que podíamos hacer.
Solo recuerdo que llegué a casa y dormí.
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