jueves, 13 de octubre de 2016

Previa a un largo viaje

·         Me encontraba en casa de mi mamá, cuando se acercaba la hora para ir de camino a casa de mi papá donde haría hora hasta que nos vayamos al aeropuerto. Comencé ordenando mis cosas, mi bolso de viaje, mi papá me dijo que andaríamos en bus, prácticamente todo el viaje así que tenía que ir ligera, pero pues, soy mujer, o bueno, una mujer que necesita zapatos distintos desde ir a un restaurant a ir al mall, así que me costó tener un bolso liviano, pero lo logré. 
         Salí a tomar la micro, tome una lo espejo que son esas que llegan hasta el mall Bellavista la Florida que queda a dos estaciones de la casa de mi papá en vez de tomar una micro a estación central que me deja hasta ahí y luego son ocho estaciones hasta baquedano más las 10 desde baquedano hasta pedrero, así que mucho mejor hacer un viaje en micro que en metro, creo yo. En el trayecto solo pensaba bajarme en el paradero correcto, no me daba cuenta de mi alrededor más que en mirar la vereda y los paraderos que iba pasando. En un momento una mujer me pregunto cuánto faltaba para Santa Rosa y le dije que no sabía a (que lo único que sabía era que ni idea de cuanto faltaba para bajarme). 
        Vi un letrero que decía "Vicuña Mackena 200 metros", luego uno que decía "100 metros Vicuña Mackena", ahí fue cuando me pare rápidamente y apreté el botón. Biiiiiiiippp y pude descender. 
        Llame a mi papá para que me viera a buscar, me dijo que mi hermano me vendría pero que lo esperara, así que como justo el paradero quedaba en la vencinera petrobras, entré al local a comer, compre un jugo watts de piña con un Sandwich de ave pimenton, me costó casi todo lo que pensaba gastar en Perú, pero ya lo estaba pagando, ¿qué le iba a hacer?. 
        Me senté a comer mientras miraba por las ventanas del local que literalmente podrían considerarse paredes. Veía la gente cargar combustible, gente dejar sus autos para entrar a comer, hasta que vi a mi hermano llegar. Al subirme al auto empezó mi emoción, pasamos por vicuña mackena, que ya me sé de memoria este trayecto, pasar por los edificios que hace casi 10 años que están en construcción, luego por el "10" un supermercado muy barato y gigante, después viene el mall del 14, ni idea por qué se llama así, pero es bastante conocido, ya queda pasar el mall Florida center doblar y llegamos a nuestro destino.
        Me dio hambre así que le dije a mi hermano que fuéramos a comprar algo mientras esperaba. salimos a los negocios de cerca, a un local de comida china, compramos arrollados jamon queso, una maravilla.
        Esperé en casa hasta que se hicieran las 5 am. Cuando llegó ese momento nos fuimos en auto hasta Quilicura, que es recorrer casi la mitad de Santiago desde donde yo estaba. En el camino estaba muy oscuro, todas las casas apagadas, pero me gustaba mucho no ver nadie en las calles, quizás unos pocos autos, pero ver las luces de los carteles de publicidad, las luces de la autopista, se me hacía demasiado llamativo y más a esta hora. Llegamos a casa de mi primo, ya que él nos llevaría al aeropuerto, así que nos fuimos. En el trayecto me quede dormida, desperté al ver las luces del aeropuerto. Nos bajamos y fuimos rápidamente a ver el equipaje, ver el papeleo y abordar. Cuando entre habían muchos negocios, con muchas cosas lindas, pero no me dejaron comprar nada así que me quede sentada esperando, viendo un restaurant donde atendía un niño bien buen mozo, era moreno, alto, no muy grande, quizás unos 23, estaba muy ocupado en su trabajo así que no lo pude ver tan de cerca. 
        Llego la hora de entregar la tarjeta de embarque y subir al avión. Cuando estaba arriba casi sentándome, los nervios se apoderaron de mi, pero no podía arrepentirme. Comenzaron a repartir colación de avión, un vaso con jugo a elección más una galleta o un queque, recuerdo que antes era mucho más rica la comida de avión. Pero qué iba a decir, solo me quede tranquila, hasta dormir las 2 horas de viaje.

martes, 27 de septiembre de 2016

Atrapada en un recorrido rata

Un día muy normal luego de cumplir mi labor como estudiante nos encontrábamos en la plaza con mis amigas, estábamos cerca de la pileta, que es bien parecida a una piscina, en una banca muy a la vista de todos, podíamos ver a los niños jugar ping-pong, a los pequeñitos con sus padres jugando en los columpios y resbalin, en esos juegos que marcaron nuestra infancia, que tienen tantos colores como te puedes imaginar, están hechos casi a mano, como si estuviesen confeccionados de plastilina. Ahí nos sentamos y emprendimos un viaje, nos reímos de todo; de nuestras zapatillas, de cómo quedaba marcada nuestra huella en la tierra, de lo gracioso que se ponían nuestros ojos al reír, de ese niño raro que nos vino a pedir encendedor siendo que hace un rato lo vimos ya con uno en sus manos.
En un momento reaccione y me di cuenta que ya nos teníamos que separar, pues dos de nuestras amigas iban a bailar, una muy enamorada se juntaría con su novio a pesar de la situación, las demás irían a un evento escolar llamado Hola-hola, al que luego teníamos que ir pero antes, nosotras las tres que quedábamos nos iríamos a buscar pokemons directamente al Palacio La Moneda.
Fuimos a pie por la calle la moneda, en el trayecto tratábamos de no caernos y cruzar bien las calles.
En el primer semáforo nos toco rojo, la espera se me hizo eterna, ya sentía que me daba una pereza inmensa caminar semejante recorrido solo para atrapar algún onix o un charmaleon, ya que esos pokemons eran los más deseados en mi pokedex. Me quede una hora mirando las ruedas de los autos, más bien, los autos en sí, preguntándome dónde llevarían a las personas en su interior.
Amiga 1 habló y dijo -creo que es momento de cruzar.
Nosotras junto a mi amiga 2 solo asentimos, puesto que amiga 1 era la encargada de cuidarnos ese día. Nos dedicamos a caminar, tratar de no doblarnos algún pie y comportarnos, pero la risa no aguanto en salir por cada cosa que veíamos, quizás es olor a pasto recién podado nos distraía más que mirar a las personas pasar por nuestro lado como si estuviesen muertos, me pregunté por qué no sonreían un poquito y se iban con nosotras por un viaje rata, pero mejor seguir riéndome de la risa de amiga 2 que la verdad, ni idea de qué se reía. Íbamos por un bar-restaurante repleto de gente, no se podía caminar bien, así que eso dificultaba el hecho de actuar normal. Amiga 1 nos agarraba de la mano para adentrarnos en esta "multitud". No me di cuenta y ya en cinco segundos estábamos cruzando la calle nuevamente.
El tiempo iba muy lento, pero yo solo me dedicaba a pensar que cómo nunca me había fijado en las cosas que estaban a mi alrededor, o sea este trayecto lo conocía de siempre, habían veces que acompañaba a mi mamá hasta ese lugar por el mismo lugar y hace un par de días a tras también vine pero como paseo educativo, no me dedique a mirar y apreciar lo grandes que eran los edificios y lo pegados que estaban a la vereda, sentía que se me venían encima, mientras más nos acercábamos a nuestro destino, las cosas iban “evolucionando”, a mi parecer, casi igual que un pokemon. Los autos pasaban de ser hatchback a convertibles, las personas de ir vestidas con hawaianas a ir con terno y zapatos perfectamente lustrados, cada vez aparecían carabineros con su traje muy bonito. 
Yo estaba agotada de caminar, solo quería sentarme, de hecho pensé varias veces sentarme en suelo, aunque la gente pasara encima de mi, no me hubiera importado de lo cansada que me encontraba.
Teníamos tanta hambre, que solo pensábamos encontrar un kiosko, no nos dimos cuenta y ya estábamos en la Moneda. Caminamos al kiosko que esta al frente de la plaza y del Palacio, compramos dos serranitas, comencé a comer una pero estaba tan sedienta, que me sentía casi como una momia, así que no pude masticar galleta y me puse a toser en el semáforo para cruzar a la plaza, nuestro destino pokemon, la gente me miraba, me sentía como un bicho raro, no me sorprende, tosí como nunca.
Estábamos en la plaza ya, por fin, así que sacamos nuestros teléfonos y comenzamos a cazar. Gracias a Dios o al Profesor Oak me encontré mi tan afamado Onix, la verdad me costó un siglo atraparlo, sin embargo, mi amiga 1 actuó como la entrenadora pokemon que es y lo atrapó, ese momento de mi vida le llamo felicidad.
Ya la hora se estaba pasando, entre ver las palomas ser alimentadas por la gente que ya no quería sus cabritas, ver a los trabajadores salir a almorzar rápidamente para luego volver a la rutina.
Decidimos ya separarnos. Amiga 1 nos dejó en un local de comida rápida para que almorzáramos pero estaba lleno y amiga 1 ya se había ido, entonces, la gran idea fue volver al colegio, quedarnos en la plaza Brasil y luego ir a comer. Esa idea fue puesta en acción. Caminamos de vuelta, entre cruzar con miedo las calles, entre creer que ya nos perdimos, llegamos a nuestro destino.
Nos sentamos en una banca y solo nos dedicamos a reír, mirar y decir "tengo hambre".
Nuestro estómagos no paraban de molestar, amiga 2 dijo que lo mejor es que vayamos a comer completos o algo parecido. Nos encontrábamos en Cumming pasando por el Pizza Pizza, luego por el restaurant de comida marina, el local de pasteles, hasta llegar a un negocio bien familiar y chiquito, donde vendían completos más jugo a 1000 pesos, fue en ese momento que nos sentamos y pudimos relajarnos.
El cansancio era tanto, que el plan de ir al llamado Hola-Hola, ya no entraba en cosas por hacer. Decidimos ir a nuestras casas y dormir, era lo mejor. Llamamos a nuestras compañeras y partimos a nuestros hogares.
El recorrido al metro, más el recorrido del metro desde Cumming a Plaza Maipú era demasiado, pero era lo único que podíamos hacer.
Solo recuerdo que llegué a casa y dormí.